Herencia: Tejer, Pescar y Brujas

img_2223TEJIDO CON FIQUE

En todo el Alto Magdalena se encuentra la planta de Fique Furcraea andina como cultivo y como vegetación silvestre. Aunque el fique está presente en la región son pocas las personas y comunidades que han mantenido el trabajar las fibras de esta planta.  Las mujeres de La Jagua nunca perdieron su costumbre tradicional de tejer la cabuya en “kimbas” o alpargatas, bolsos, mochilas y otros artículos de uso cotidiano. Hoy en día la creatividad de las tejedoras  de La Jagua se demuestra con una variedad de carteras elegantes y muñecas de brujas miniaturas además de los productos más tradicionales.

20150103042415_img_0824Desafortunadamente aunque existe la Asociación de Tejedoras del Fique de La Jagua- ASOFIQUE y varias tejedoras independientes, reconocidas por el mundo entero por sus tejidos, el tejer en fique se está perdiendo y no existen tejedoras activas que son jóvenes ya que las madres y abuelas de familias son los que han mantenido esta práctica. El cultivo y tejido en fique es de las costumbres ancestrales que tenemos como Jaguos que se necesita cuidar y seguir desarrollando para que la comunidad no pierda una costumbre propia que tiene tantas aplicaciones.


LA PESCA

img_8151Desde viejos tiempo, el conocimiento de zonas de pesca en los ríos Magdalena, Suaza y las quebradas del sector ha sido un conocimiento que los y las pescadores han mantenido de generación a generación. Desde infancia pescadores llevan sus hijos al río a pasar sus días conociendo y aprendiendo del territorio acuático mientras pescaban.

El primer atentado en contra la soberanía alimentaria de la población pescadora de la región se dio con la construcción de la Represa de Betania que trágicamente acabo con las subienda de Pataló, Dorada, Bocachico, Moino, Sabalo y otros peces que migraban desde las ciénagas del caribe para reproducir en las cabeceras de los ríos. Desde la construcción de la Represa de Betania la pesca siguen disminuyendo por culpa del P.H. el Quimbo, la sobre pesca, la introducción de especies foráneas, la tala de bosque y la contaminación de los ríos por agroquímicos.  img_20160305_164642

Aunque muchos ya usan atarrayas compradas, hechos de nylon y otros hilos sintéticos, todavía existen unos viejos pescadores que se dedican a tejer sus propias atarrayas para seguir pescando las pocas especies nativa que quedan como el capaz, cucha, corunta y sardinas, y también las especies invasivas como la tilapia y carpa. Ya 30 años han pasado desde la Represa de Betania y a recordar de las enormes subiendas de pataló, bocachico y dorada que ya no existen se le agua el ojo a más de un pescador Jaguo de los antiguos.


canuto y mujer

Las Brujas: Que las hay, las hay

Si La Jagua es conocida por algo, es por el folclor e historias de brujas que se han mantenido a través de la tradición oral del los habitantes pero no inmune a los cambios de los tiempos. La bruja actual es vista como un personaje recurrente de la imaginación contemporánea, que perdura y se afirma gracias a los cuentos, las novelas, las películas, así como a través de La Fiesta de las Brujas y de sus especiales máscaras. En la región las emisoras de radio pregonan avisos de brujas oriundas de La Jagua que ofrecen hechizos de amor y que leen cigarrillos. Está visión de bruja está muy alejada de la bruja autentica la que habita en nuestra región, la que está comprometida con tradiciones ancestrales del conocimiento medicinal en la facultad de curar, de comunicarse con los espíritus y de presentar habilidades visionarias y adivinatorias que no promocionan sus poderes abiertamente y más bien son discretas con su identid

Los relatos de los y las mayores cuentan de espíritus maliciosos, espectro, apariciones fantasmagóricas pero sobre todo de brujas; las cuales dicen que existen dos clases de brujas: la hechicera y la voladora. Ellos consideran hechicera a las nativa que se ganan la vida adivinando el porvenir con la lectura del cigarrillo y el tabaco sacando muy buen provecho de la fama ya existente de la región; y voladora a la bruja que sienten irrumpir en los techos de las casas, como un estruendo similar a la descarga de un cúmulo de mangos. Muchos pobladores aseguran que las brujas voladoras son inofensivas y se acercan a las viviendas sólo para escuchar lo que dice la gente. Las historias de brujas son incontables y más de un Jagueño tiene historias de andar por las calles de noche, muchas veces borrachos, en donde se les aparecieron brujas vestidas de negro o escuchar los tacones mientras caminan por las tejas de barro de los techos de las casas coloniales.

No hay claridad de donde vienen las creencias de brujas en el pueblo pero los lugares sagrados como la junta de los ríos y otras áreas en la región influyeron en que los habitantes de los Pueblos Originarios practicaran ritos y pagamentos al territorio. Estas tradiciones bajo el lente intolerante, evangelizador, machista y racista de la conquista europea denominaban estas prácticas y las mujeres que las ejercían  como “diabólicas” y “brujería”.

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